el mirador

Desde el mirador, para ver las noticias que andan por el suelo hay que mirar hacia abajo. Para ver las que vuelan hay que mirar hacia arriba. Este ejercicio es buenísimo para las cervicales. Y todas las noticias tienen su propio acento.

domingo, marzo 05, 2006

El esperador telefónico

De los nuevos oficios que, gracias a los fabulosos avances de la tecnología, se ofrecen a los leales súbditos de su Católica Majestad.

El Esperador Telefónico.

Rara es la vez que llamas por teléfono a cualquier hijo de vecino, desde el simple funcionario pasapapeles hasta el más empingorotado jefezuelo de cualquier chiringuito nacional, multinacional o autonómico, y la respuesta de la solícita telefonista no es “Un momento, me parece que está reunido. No se retire, por favor”.

La última parte de la frase no es tan general y depende básicamente de la educación de la telefonista y de la posición, medida en número de peldaños por encima en la escalera de “nada compañeros, si en realidad todos formamos un equipo...”, en que se encuentre el destinatario de nuestro interés telefónico.

La frase viene seguida indefectiblemente de una musiquilla atroz, generada por un engendro digamos que electrónico, con la que nos quieren entretener la espera. Pretenden hacernos creer que se preocupan de nosotros, cuando en realidad la única función del martirio es hacer ruido para que no nos podamos enterar, que era lo clásico, de que la telefonista ha salido este fin de semana con un chico de Murcia que, por los primeros indicios, parece que va con buenas intenciones, o bien de que el jefe, que es un pelma de mucho cuidado, le ha pedido por enésima vez aquel maldito papel que cualquiera que no sea un cretino de jefe sabe que debe estar en el limbo de los papeles desaparecidos.

Y aquí empieza la larga espera, atentos a la maldita musiquilla, ansiosos de que se interrumpa para anunciarnos la buena nueva de que, por fin, vamos a poder tener nuestra ansiada conversación. Pero no. Lo único que pasa es que, cada minuto más o menos, la cancioncilla se para un momento, parece que se va a acabar el tormento, y simplemente vuelve a empezar por los primeros compases.

En estos casos es cuando entra en funciones el esperador telefónico. Su misión consiste en recoger el auricular en el mismo momento en que se recibe el mensaje de espera y, provisto de un protector de oídos según obligan las normas de seguridad correspondientes, quedarse atentamente a la escucha hasta que el llamado de turno se acabe el café y se digne coger el teléfono y decir aquello tan conocido de “!Sííí¡”, con lo que se reconoce inmediatamente que el que contesta es importante de verdad y no un pelanas cualquiera.

Este puesto de trabajo se considera de fatiga media, reconociéndose períodos de recuperación del doble del tiempo de espera. El tiempo de recuperación será de cuatro veces el de espera si la musiquilla soportada es la versión telefónica del “Para Elisa”.

Se considera falta laboral leve el mentar a parientes de menos de segundo grado del interlocutor y en caso de esperas superiores a los quince minutos quedan autorizadas las maldiciones e insultos siempre que estén incluidos en los reglamentos correspondientes, teniendo preferencia los recogidos en los decretos particulares en las Comunidades Autónomas que tengan competencias asignadas en comunicaciones. En caso de huelga, cumpliendo los servicios mínimos, están autorizados a escuchar únicamente por la mitad de los agujeros del microteléfono.

Para ejercer el oficio no es imprescindible una titulación superior, aunque la práctica corporativa aconseja en general que se prefiera una licenciatura en ingeniería, preferentemente en telecomunicaciones o métodos audiovisuales.