Elecciones catalanas - 2
Y dijo el baranda, es bueno que los súbditos me voten, y los súbditos fuimos y votamos, y hubo tarde y mañana, día primero.
Pero el baranda vió que no era bueno, que no habíamos votado lo que correspondía, que nos habíamos alejado de la verdadera fe y habíamos caido en el pecado votando a ídolos extraños.
Y nos señaló las puertas del paraíso-región-autonomía-nación, y mandó a un ángel de escuadra con la espada flámigera subvencionada por gas naturalísimo preopado para arrojarnos a las tinieblas exteriores, donde está el llanto y el crujir de dientes.
Pero resultó ser que no.
Que al mocito se le encasquilló la espada. y como no llevaba mechero, por lo de la ley antitabaco, se tuvo que meter la empuñadura por donde mejor le cupo y salir corriendo a la mani para pedir aumento de sueldo.
Y entre los coros de ángeles que rodeaban al honorabilísimo en las alturas del empíreo generalitíceo se colaron unos nuevos angelitos que no estaban invitados.
Y el cabreo entre los ángeles de siempre fue en aumento.
Y los ángeles de siempre dijeron : "estos ángeles botiflers sean anatema".
Pero fue que no.
Y los nuevos angelitos se entretuvieron tirando de las plumas a los de siempre.
Pero debajo de las plumas empezó a aparecer cemento, ladrillos, agujeros y vales del tres por ciento.
Y los ángeles de siempre, gritando jaculatorias y "arreniégote demo", empezaron a pedir inmediatamente dosis masivas de talante al sumo zetapedor.
Pero ya era demasiado tarde.
Debajo de las plumas se les había visto el plumero.
y el gran baranda los hizo a todos concejales.
Y salieron todos corriendo hacia los municipios de la costa al grito de "¡me pido el de urbanismo!"
y al final fueron las pobres perdices la que pagaron el pato.
Amen.
