¡Qué malos son los mercados, Josesito Luis!
Parece mentira. Hacerte eso a tí.
Tú que te habías preocupado siempre de los mercados. De que todas las tiendecitas tuvieran sus toldos. De que no les faltara su parking cerca. De que estuvieran limpitos y diera gusto comprar allí. Incluso montaste un Plan-E para que los ayuntamientos acabaran de redondear la faena y les pusieran aceras nuevas y rotondas a tutiplén.
Y ahora va y no es eso. Que lo de los mercados no va por ahí. Que resulta que los mercados son una panda de cabrones con pintas que andan sueltos, principalmente por allá por el extranjero, y que lo que quieren es chuparle la sangre y lo que es peor, la pasta, a los pobres. Y además resulta que los pobres somos nosotros. Es que no tiene nombre. Bueno, sí que lo tiene pero mejor me lo callo, que en lo tocante a libertad de expresión yo estoy en la parte de abajo de la pirámide.
Dicen que la culpa es tuya, que has estado pidiendo más que veinte frailes. Y que no se fían de que se lo vayas a devolver. Que se te va todo en farras y subvenciones. Que eres muy gastoso.
Y los über alles dale que te pego. Que si ahora me haces esto. Que ahora quiero que me hagas lo otro. Que ahora te pongas así. Que te pongas asao. Que hagas el el pino otra vez, pero con una sola mano. Que por eso pago.
Señor, qué cruz.
Pues nada, hay que resistir.
Se atreven con nosotros porque somos muy buenos. Y además dicen que somos poco trabajadores. Que estamos siempre con la cosa del cachondeo, la cervecita y el vivalavirgen.
Pues hay que demostrarles que no. Que nosotros trabajamos lo que haga falta. Que para eso tenemos los millones de inmigrantes que tenemos, que trabajan como negros (bueno, algunos incluso lo son) por cuatro perras. Y que si siguen tocando los cataplines le vas a decir al colegui acontecimiento planetario americano, antes de que lo echen, que son todos un hato de talibanes y que les mande unos cuantos drones a que les aticen democracia por allí mismo.

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