el mirador

Desde el mirador, para ver las noticias que andan por el suelo hay que mirar hacia abajo. Para ver las que vuelan hay que mirar hacia arriba. Este ejercicio es buenísimo para las cervicales. Y todas las noticias tienen su propio acento.

lunes, mayo 01, 2006

La vivienda usada

Y sigue La Vanguardia del 1 de mayo.
Un magnífico titular de economía:

"La vivienda usada en algunos barrios modestos registra caídas del orden del 2%"

Supongo que las viviendas que usen en lo barrios pudientes no deben caer de esa forma. Ni con orden ni sin orden. Seguro que ni siquiera caen. Que por allí no pasa el metro.

Viva la doble moral

Más Vanguardia del 1 de mayo.

Un comunicante dice lo siguiente:


"El PSC critica el no al Estatut porque es alinearse con el PP, pero defiende con éste las corridas de toros. ¿ Es lícita esta doble moral? "

¡Y La Vanguardia le contesta en serio!

Se ha perdido la sana costumbre de llamar tonterías a las que lo son. No es politicamente correcto decir que cuando se mezclan las churras con las merinas se desmanda el rebaño.
Patético.

Vivir la sensualidad

La Vanguardia no tiene desperdicio.
El 1 de mayo publica una noticia-anuncio de una tienda de productos eróticos para mujeres.

"El diseño de la tienda parte de la concepción de la erótica francesa, pero está adaptado a las modas actuales, ya que aquí se mezclan muebles reciclados con lámparas antiguas de lágrimas, burros de forja con columnas doradas y escaleras de aluminio con continajes de terciopelo".


Si señor. Los franceses están más antiguos que el hilo negro. Viva lo moderno, aunque haya que poner burros de forja.

Líbranos, Señor

Leo en La Vanguardia del 1 de mayo un "reportaje-propaganda" del Bulli. ¡Palabra de Adrià!
Empieza así:

"Un salmonete de arroz seco ha saltado del mar a la mesa, del mar de Cala Montjoi a la mesa de El Bulli. Es un animal amorfo, muy liviano y tan discreto que parece insignificante. Pasaría inadvertido si Ferran Adrià no lo hubiera subido a un escenario de grueso cristal opaco. Ahí colocado, en compañía de otros animales, es otra cosa. Hasta se le ve contento, satisfecho con los polvos mágicos que lleva encima, unos polvos finísimos capaces de transportar al paladar físico y mental el sabor intenso, salvaje, de un pez delicioso. Dentro de la boca, el salmonete se transforma en un animal vivo, que cruje y libera aromas de carne suave y delicada, asada con mimo en una barbacoa junto a la orilla del mar, al final de un día feliz".

Supongo que el día feliz no será para el pobre salmonete, que está el pobre que cruje. Además de ser amorfo e insignificante, de arroz seco, forrado de polvos, aunque sean mágicos, subido en un culo de vaso, encima se tiene que transformar en un animal vivo por exigencias del menú.
De los dos paladares, yo que quedo con el físico. El paladar mental lo dejo para más altas hazañas.

Acaba diciendo:

"El resultado de tanto esfuerzo es el dominio de la naturaleza, la ruptura con la herencia antropológica, la creación, en definitiva, de un hombre nuevo, más poderoso y, si tiene suerte, también más feliz".

¡Ele la gracia! ¡Lo que son capaces de hacer los salmonetes!

Envuélvelo, que hace fuerte

Los que hablamos castellano y catalán de forma habitual tenemos que cuidar bastante la traducción de expresiones coloquiales como la que sirve de título a esta nota. Pero en La Vanguardia se supone que hay alguien que controla estas cosas.
Pues no.
El 1 de mayo, página 15, el artículo de Jordi Juan nos invita a "sacarnos el sombrero" a cuenta de las actividades de los políticos locales. El sombrero normalmente se pone y se quita. Se supone que "se saca" de la caja en la que lo teníamos guardado.
Todo queda en casa, pero lo que no dice es de dónde hay que sacar el famoso sombrero.