Leo en La Vanguardia del 1 de mayo un "reportaje-propaganda" del Bulli. ¡Palabra de Adrià!
Empieza así:
"
Un salmonete de arroz seco ha saltado del mar a la mesa, del mar de Cala Montjoi a la mesa de El Bulli. Es un animal amorfo, muy liviano y tan discreto que parece insignificante. Pasaría inadvertido si Ferran Adrià no lo hubiera subido a un escenario de grueso cristal opaco. Ahí colocado, en compañía de otros animales, es otra cosa. Hasta se le ve contento, satisfecho con los polvos mágicos que lleva encima, unos polvos finísimos capaces de transportar al paladar físico y mental el sabor intenso, salvaje, de un pez delicioso. Dentro de la boca, el salmonete se transforma en un animal vivo, que cruje y libera aromas de carne suave y delicada, asada con mimo en una barbacoa junto a la orilla del mar, al final de un día feliz".
Supongo que el día feliz no será para el pobre salmonete, que está el pobre que cruje. Además de ser amorfo e insignificante, de arroz seco, forrado de polvos, aunque sean mágicos, subido en un culo de vaso, encima se tiene que transformar en un animal vivo por exigencias del menú.
De los dos paladares, yo que quedo con el físico. El paladar mental lo dejo para más altas hazañas.
Acaba diciendo:
"El resultado de tanto esfuerzo es el dominio de la naturaleza, la ruptura con la herencia antropológica, la creación, en definitiva, de un hombre nuevo, más poderoso y, si tiene suerte, también más feliz".
¡Ele la gracia! ¡Lo que son capaces de hacer los salmonetes!